NaCl y el misterio del enlace iónico

Lo poco común de la sal común

La sal común que tiene como fórmula química NaCl (cloruro sódico) es indispensable para la vida. Nuestro cuerpo necesita pequeñas cantidad de la misma para controlar la cantidad de agua del cuerpo humano, manteniendo el pH de la sangre, regulando los fluidos del cuerpo, ayuda a introducir agua en el interior de las células y además ayuda a transmitir impulsos nerviosos. Casi nada.

Pero vayamos por partes, que esto tiene su miga.

El cloruro sódico es una especie química en la cual tanto el sodio y el cloro funcionan como iones, dando lugar a electrolitos. El sodio cede carga y el cloro la recibe. Esto se conoce como enlace iónica. Lo dos elementos forman una red cristalina perfecta, que una vez introducida en agua se disuelve, se separa en esos electrolitos indispensables para la vida. Hasta aquí todo químicamente perfecto. Pero, ¿ y si os digo que el Sodio y el Cloro son un matrimonio químico digno de Pimpinela?

El cloro es un gas de color amarillo verdoso, con un olor picante y sofocante, no combustible a temperatura ambiente y presión atmosférica.

Es extremadamente reactivo y un agente oxidante fuerte (ganar carga). Es tóxico por inhalación. A largo plazo, la inhalación de concentraciones bajas, o a corto plazo, la inhalación de concentraciones altas de cloro gaseoso, tienen efectos nocivos para la salud.

El alto potencial oxidante del cloro elemental condujo al desarrollo de blanqueadores comerciales y desinfectantes, al igual que un reactivo para muchos procesos en la industria química.

En forma de iones de cloruro (formando parte del NaCl), el cloro es necesario para todas las especies de vida conocidas. Pero el cloro elemental a altas concentraciones es extremadamente peligroso y venenoso para todos los organismos vivos, motivo por el que fue utilizado en la Primera Guerra Mundial como el primer agente de guerra química gaseosa.

El sodio es un elemento metálico con brillo, parecido a un bloque de hierro. Es sólido e inerte, estable y no reactivo, aunque tiene naturaleza reductora (perder carga).

En contacto con humedad produce una reacción violenta, generando gas hidrógeno e hidróxido de sodio, con una subida instantánea de la temperatura y liberación de energía.

Para poder trabajar con el primero es necesario sublimarlo a estado gas, donde la humedad del ambiente no genera esta reacción tan impactante.

Ya veis, uno explota y el otro es corrosivo y venenoso. El enlace iónico los convierte en una especie soluble en agua.

Los dos juntos son necesarios para que la vida funcione a pleno rendimiento.

 

 

 

 

 

 

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